“Urge la creación de tejido asociativo, transformar la acción individual en colectiva”
Entrevista con Pablo Rodríguez Ros, Investigador predoctoral Fulbright en la Universidad de California en San Diego.

4 de noviembre de 2019 – Confiesa ser un apasionado de la “comunicación social sobre el cambio climático”, al que define como “el mayor desafío de la humanidad”. Pablo Rodríguez Ros, investigador predoctoral Fulbright en la Universidad de California en San Diego, ha participado en varios cruceros oceanográficos alrededor del mundo para medir el impacto del cambio climático en nuestros mares y océanos. En esta entrevista hablamos sobre qué acciones pueden emprender las asociaciones para mitigar los efectos del calentamiento global.
¿Qué podemos hacer a nivel individual para hacer frente al reto del cambio climático? ¿Y a nivel colectivo?
A nivel individual, aunque parezca contradictorio, lo principal es abandonar la perspectiva individualista. Urge la creación de tejido asociativo, transformar la acción individual en colectiva. La creación de comunidades basadas en la colaboración y la transferencia de conocimiento que tengan como objetivo común las mejoras de las condiciones materiales de los individuos de una comunidad, sin que esto sobrepase los límites ambientales. Esto no significa que las acciones individuales no sirvan para nada o sean insignificantes, siguen siendo necesarias y son muy importantes.
Sin embargo, la propia categorización “acciones individuales”, bajo mi punto de vista, es ciertamente simplista e induce a error. Lo explico con un ejemplo muy simple, que yo me lave los dientes con un cepillo de bambú en vez de plástico, o que presente una querella contra una empresa que contamina el río de mi municipio, son ambas “acciones individuales”, aunque, obviamente, los efectos de las mismas no serán los mismos. Por eso defiendo que ante las críticas simplistas a las mal llamadas acciones individuales lo que cabe es plantearse el margen de actuación de las mismas y su potencial de impacto. Asimismo, es falso que las acciones individuales, por pequeñas que sean, no puedan suponer cambios, ya que estas pueden replicarse a escala mucho mayor, más aún en una sociedad global hipercomunicada (como una cascada de naipes). En general, estas falsas creencias solo conducen al nihilismo, que suele ser el camino más rápido hacia la inacción, como decía uno de los personajes de Pío Baroja en El Árbol de la Ciencia. Por ello, evitar los cantos de sirena ideológicos que llaman a “no preocuparse por nada” e informarse de fuentes fiables es primordial. Más aún si tenemos en cuenta que la desinformación organizada también existe al respecto del cambio climático.
En muchos países del mundo están surgiendo movimientos reaccionarios nacionalistas, en España también. Por ello, es más necesaria que nunca la cooperación internacional en la lucha contra el cambio climático. Es vital comprender que la atmósfera, los océanos, etc. no suelen entender de fronteras y, por ello, no debemos restringir las acciones contra el cambio climático tampoco a las fronteras que limitan nuestro ámbito cercano (ciudad, región o país). Por ello, se ha de cooperar internacionalmente para que se tomen medidas para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs) y la mitigación y adaptación al cambio climático más allá de nuestros países. El éxito de la lucha contra el cambio climático solo puede ser colectivo. En contraposición, su fracaso puede depender solamente de la inacción de unos pocos países. Aún así, si a alguien le supone mucho esfuerzo tomar según qué acciones, siempre puede pasarse por es esta guía de la ONU: La Guía de los vagos para salvar el mundo.
“En la intersección entre la lucha ambiental y la justicia social, las asociaciones tienen mucho que hacer y decir”.
¿Qué papel puede jugar el tejido asociativo para luchar contra los efectos del cambio climático?
El tejido asociativo puede jugar numerosos papeles. El primero, sería el de concienciación y divulgación. Hacer de los tejidos asociativos redes de ideas e información que provenga, al menos en origen, de personal cualificado en aras de fomentar el carácter crítico a la hora de afrontar tanto el cambio climático como otro tipo de crisis ambientales, como puede ser la contaminación. Creo que todas las generaciones de la historia han tenido que luchar contra determinados fenómenos para conseguir progresar como sociedad. En nuestro caso, estoy firmemente convencido de que nuestra lucha será en relación con los procesos de desinformación. Por ello, la creación de un tejido asociativo que sirva como filtro a las distintas teorías conspiranoicas o intencionadamente erróneas es esencial. Otro papel interesante que puede jugar el tejido asociativo es la colaboración directa con entidades públicas y privadas con las que compartan objetivos comunes.
Bajo mi punto de vista, entre el asociacionismo y el activismo siempre debe de haber una línea de separación con, por ejemplo, las administraciones públicas. Por ejemplo, en temas ambientales resulta esencial alertar a las autoridades competentes y estar en vigilancia continúa. En esta línea las asociaciones naturalistas, ecologistas o ambientalistas juegan un papel esencial. Es decir, debe existir una íntima colaboración pero evitar que se utilice dichas asociaciones como “trampolín” para otros objetivos. Si no, es potencialmente posible caer en las dinámicas internas del proselitismo partidista, donde, en muchas ocasiones, la objetividad no impera. Esto hace que las asociaciones tengan una influencia real y la consecución de los objetivos sea más fácil. Asimismo, el cambio climático y otros problemas ambientales impactan sobre todos los ciudadanos, sin embargo no de la misma manera. Las clases más desfavorecidas serán aquellas que sufran más sus efectos. Y aquí, en la intersección entre la lucha ambiental y la justicia social, las asociaciones tienen mucho que hacer y decir.
En el caso de las asociaciones, ¿qué propuestas concretas podrían implementarse para pasar a la acción?
Hay un tema que me interesa como idea y que aún no he visto que se use en todo su potencial: el deporte. En las actividades deportivas uno no esperaría nunca encontrarse nada relacionado con el mundo ambiental o la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, los clubes deportivos cuentan con jóvenes y adultos de todas las edades que pueden constituir una base muy interesante para realizar actividades de temática ambiental. Recogidas de basura, plantaciones de árboles o restauración de senderos son algunas de las actividades que estos grupos de gente podrían realizar de manera puntual en colaboración con otras asociaciones y entidades competentes en la materia.
En esta línea, existen ya numerosas iniciativas que luchan contra la exclusión social a través del deporte. De nuevo, en el asociacionismo tiene mucho potencial para el fomento y creación de actividades de este estilo y, de esa manera, conseguir que la sensibilización y lucha de los problemas ambientales llegue a más gente que la habitual. Es conocido, y ciertamente comprensible, que la preocupación por temas ambientales suele ser bastante baja en los sectores más desfavorecidos, siendo estos a su vez los que más sufren los efectos del deterioro ambiental. Acabar con esta “pescadilla que se muerde la cola” es una tarea titánica y en la que el deporte puede jugar un papel importante.
A nivel asociativo, ¿qué buenas prácticas has detectado en tus estancias en el extranjero?
Durante mis estancias de trabajo en otros países he detectado multitud de actividades y buenas prácticas. Por ejemplo, recientemente en California he descubierto que es muy común la reutilización, aunque en este país tienen un gran problema con la “reducción”. De esta manera, existen asociaciones que se encargan de distribuir de manera gratuita electrodomésticos, muebles, etc. de segunda o tercera mano; en muchas ocasiones de manera gratuita. También existen actividades de divulgación ambiental gratuitas para los más jóvenes.

En otros lugares que he vivido, como Suiza o Canadá, con un nivel de cultura democrática muy elevado, he observado cómo se realizaban numerosos foros ambientales vecinales para discutir acerca de problemas del propio barrio, por ejemplo, en temas relacionados con la vegetación para dar sombra, áreas de descanso, comederos de aves y otra fauna salvaje, etc. En dichas reuniones se involucraban también expertos de esas temáticas del propio vecindario que aportaban sus mejores ideas y conocimientos en aras de encauzar las demandas ciudadanas.
Muchas de las cosas que aprendemos de otros países no tienen porque funcionar en el nuestro, esto no podemos olvidarlo. Sin embargo, es interesante poder aprender de ellas y adaptarlas, cuando sea posible, a los contextos donde sea posible en nuestro entorno más cercano. ¿Por qué no existen más foros ciudadanos a modo de ateneos en los que se debatan periódicamente los temas ambientales que afectan directamente a los ciudadanos?